Mi mano buscaba a ciegas tu cara.
Me dio tiempo a recorrer tus
párpados con la yema de mis dedos, a deslizarlos suavemente por tus
labios, todavía húmedos de placer, a adivinar el color de tus mejillas, a
inventar nuevas fórmulas físicas que explicaran la reacción de mi mano
con tu pelo. Me dio tiempo a sentir el calor de tu frente y los murmuros
inconscientes. Y a sentir tu corazón, que latía a paso lento en tu
cuello.
Mi mano buscaba a ciegas tu cara en esa cama.
Y me
dio tiempo a despertarte de placer, a mecer tu cuerpo con la palma de la
mano. A inventar palabras con los dedos. A embriagarme de tu aliento.
Mi mano buscaba a ciegas tu cara en esa cama, ya vacía.
Y
me cerré en ese cuarto oscuro en el que todavía quedaba algo tuyo. Y me
dio tiempo a olerte una vez más. A verte una vez más. A tenerte una vez
más. A que me quisieras una vez más.
Y todas las noches mi mano buscaba a ciegas tu cara... Y yo podía vivir un día más.