Me merecía seguir mi camino sin poder echar la vista atrás. Pero en lugar de eso el destino decidió lo que un principio parecía ayudarme. Se me perdonaron todos mis pecados, y los sapos salieron por mi boca uno a uno, despacio, tan verdes, tan asquerosos. Vomité toda la mierda que invadía mis sentidos. Me senté al lado de la taza del water, intercambiando algún pensamiento con Dios, supliqué y me suplicó, vencí y me dí por vencido, lloré y pataleé como lo hubiera hecho un niño. Y así pasé la tarde de domingo, vomitando sin digerir.
Al terminar el día me miré al espejo. No había nadie.... No reconocía a nadie.
Creo que aquello no era un espejo.
No. No reconocía a nadie.
Por favor.... Dadme un espejo.
Por favor....
Un espejo.
Dadme... un espejo.
O un alma....
Dadme. Algo.
lunes, 12 de diciembre de 2011
jueves, 1 de diciembre de 2011
Que ser cobarde no valga la pena
Pablo era de esas personas que se bebía la leche condensada y hacía castillos de nata montada sobre su boca. Nunca bajaba la tapa del water y bebía morro todo cuanto caía en sus manos.
Pablo no llamaba nunca por teléfono ni buscaba mujeres en cada discoteca. Miraba por la ventana cada vez que llovía y ponía los pies sobre la mesa sin nigún tipo de pudor.
Pablo era así. Y además era un cobarde. Nunca tuvo nada, nunca jugó a nada, no soportaba la idea de perder.
Pablo corría todos los días hasta la guardería donde trabajaba Marta. La miraba ir y venir de un lado a otro, jugar con los niños, recorrer el patio, toser, hablar, reir... Y disfrutaba con ello más que con nada de lo que hacía.
Pablo era así. Y así fue toda su vida. Un cobarde.
Pablo no llamaba nunca por teléfono ni buscaba mujeres en cada discoteca. Miraba por la ventana cada vez que llovía y ponía los pies sobre la mesa sin nigún tipo de pudor.
Pablo era así. Y además era un cobarde. Nunca tuvo nada, nunca jugó a nada, no soportaba la idea de perder.
Pablo corría todos los días hasta la guardería donde trabajaba Marta. La miraba ir y venir de un lado a otro, jugar con los niños, recorrer el patio, toser, hablar, reir... Y disfrutaba con ello más que con nada de lo que hacía.
Pablo era así. Y así fue toda su vida. Un cobarde.
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