sábado, 25 de mayo de 2013

Punto de partida

Miguel salió de su vida sin más. Bueno, en realidad fue con más. Con más dolor que nunca y mas impotencia que nunca también.
Un día, partiendo desde el mismo punto, él le comunicó su no intención de seguir el camino a su lado, y sin otro miramiento que el desvincularse de algo a lo que has estado en parte unido, le dio dos sonoros y lentos besos en las mejillas, cerca de los labios pero sin rozarlos. Y comenzó a andar.
Elena se quedó paralizada mirándole marchar, un paso tras otro avanzaba sin siquiera dudar unos segundos o esperar. La marcha era segura y sin pausa. Ella se quedó horas, días y meses viéndole marchar, observando cómo la ley de proporciones le iba reduciendo poco a poco a escasos dos centímetros de ser, de vida, de compañero, de amado.
Por fin un día se decidió a emprender su propia marcha y dejar de observar. Así pues, dio media vuelta y movió un pie tras otro, avanzando metro a metro, poco a poco. Meses sin usar las piernas, y éstas volvieron a funcionar, primero poco a poco, fueron inyectándose aceite que las hiciera articular, y sin mucha espera adquirieron ritmo.

Al avance de cierta distancia, tampoco importaba cuánta, una voz se escuchó a lo lejos. Y volvió a sonar, formando un eco ininterrumpido en la cabeza de Elena. Ese eco gritaba su nombre. Ella regaló un descanso a su sistema locomotor y giró la cabeza buscando cada letra de su nombre. A lo lejos estaba Miguel, muy muy lejos ya, tanto que apenas se distinguían sus movimientos. Pero ella le vio, le vio mover la boca llamándola con el torso girado en dirección opuesta a sus piernas, en dirección a ella. Y entonces Miguel levantó un brazo y naturalizó un último movimiento de mano en forma de saludo, o más bien despedida. Se giró y siguió caminando.

Elena quedó perpleja en su trayectoria, y le costó volver a darle cuerda a su sistema, sacar a esas piernas del descanso.

Y siempre se preguntó por qué miró y por qué el se despidió.

domingo, 19 de mayo de 2013

Tuyo

Sí lo creo. Que en algún momento la vida te devuelve todo tu esfuerzo, ese que creíste infructuoso, ese por el que lloraste día y noche, algún día te es devuelto. Y lo tachas de milagro, de misericordia de ese Dios que no sabemos si existe. Pero es tuyo, es tu esfuerzo, siempre lo será.