miércoles, 28 de agosto de 2013

De - ca - den - cia

Dul - ce De -ca -den -cia

Son las 2:00, miento ( y qué mal lo hago), es la 01:50.

Escribir algo bonito, escribir algo bonito, escribir algo bonito... Llevo meses tratando de escribir "algo bonito". Las comillas me bailan un poco, más bien es algo bonito. Sí, definitivamente es esto.

Ahora sí son las 2:00.

Decido escribir, aunque no sea algo bonito. Aunque tan solo se quede en algo.

Destacaba el rojo sobre el blanco de su piel.
La sangre corría a borbotones por sus mejillas, por su barbilla y huía del ruido ensordecedor de sus palabras. El corazón parecía latir con una fuerza jamás imaginada, tanto retumbaba en su pecho que el dolor le recorría las costillas y el eco se revolvía en las paredes de aquel cuarto piso. Los puños cerrados sobre las rodillas flexionadas, y esas uñas de muñeca de porcelana traspasando la carne de las palmas.

PUM PUM. Y no se rinde y palpita y palpita como si no hubiera mañana.

NO. Las neuronas, los nervios, la carne, el cerebro. Juraste nunca más volver a hacerlo. Y más lágrimas rojas en memoria del recuerdo. 

SOLO. Trepa entre las vísceras y notas cómo se va haciendo un hueco.

PODRÁS. Otra vez aquel sonido del pasado. 

UNA. Ahora ya late en la garganta y el cosquilleo inunda la laringe.

SOBRE. La lógica aplastante del sonido de sus labios al cerrarse. Los machaques, los achaques, las constantes.

VEZ. Y es la misma sangre la que sale de tus ojos, a eso no puedes negarte.

VIVIR. Las cicatrices que sigo curando y a ratos aún escuecen.

MÁS. Exprimiendo tus creencias más cruciales, por que... Si no... ¿para qué vives?

Y así le rebentó el corazón en mil pedazos en sus propias carnes, mientras asía con fuerza el cuerpo de su compañero contra el suyo

sábado, 29 de junio de 2013

Hay veces...

Esa es la verdad. La verdad es que hay veces... Y hay veces unas cosas y hay veces que otras, pero siempre hay veces.
En particular esta era una de esas veces en las que parece que no viene nada después de esos puntos suspensivos, en las que se alcanza tal estado de normalidad que uno ya no cree que la vida pueda llegar a sorprenderle. Pero incluso en aquellos momentos hay veces... El primer paso fue darme cuenta de que hay cosas que el ser humano inventa (y he de decir que lo hace excepcionalmente bien, y de un modo u otro acaba por convencer a toda clase de gente que habita en el planeta) que son completamente falsas. Y esta es una de las peores cosas que pasan en la vida, tránsito obligado para todos aquellos que, por suerte o por desgracia y más bien por lo primero, lleguemos vivos al duro tránsito a la edad adulta.
Bien, pues una vez después de recibir la hostia que te da la vida una vez pasada la veintena (este dato no es muy objetivo, conozco a más de uno que todavía no ha tenido el placer de que se le presente la ocasión y ya están bastante alejados de los veinte, pero es un dato) el cuerpo queda como en una especie de trance, como el despistado que no ve venir la bola y le abre una brecha de siete puntos antes de que pueda siquiera levantar los brazos y amortiguar el golpe. El cuerpo, o la mente, o una unión de ambos, quedan suspendidos en una especie de limbo con todo el resto de almas despistadas que buscan la salida a su propio yo de nuevo, porque al fin y al cabo así te deja la hostia, despistado.

Y es precisamente en ese trance de recuperar la visión, de adaptación a la idea de que lo que ha sido parece que nunca volverá a ser, cuando ocurrió.

Llegó con sus palabras bonitas o con esa luz que desprende, ya no física sino mentalmente, alguien que acaba de llegar a la idea de algo grande, o al menos de algo con fuerza. Y me dí cuenta de que efectivamente el tiempo de cada uno no es eterno, y que si la vida te deja desubicado la solución no puede ser andar hacia cualquier dirección, que la respuesta es buscar, buscarnos a nosotros mismos, encontrar lo que queremos y seguir, y luchar con paciencia, de esa que muestran algunos maestros con alumnos contrariados, seguir autoinyectándonos un fuelle que nunca debe terminarse y vivir, no como esos seres que respiran y hacen sin pensar, que se acomodan en una rutina monótona y sin interés, sino vivir plenos, por y para lo que nos gusta y queremos.


Porque hay veces... Y siempre las va a haber.

sábado, 25 de mayo de 2013

Punto de partida

Miguel salió de su vida sin más. Bueno, en realidad fue con más. Con más dolor que nunca y mas impotencia que nunca también.
Un día, partiendo desde el mismo punto, él le comunicó su no intención de seguir el camino a su lado, y sin otro miramiento que el desvincularse de algo a lo que has estado en parte unido, le dio dos sonoros y lentos besos en las mejillas, cerca de los labios pero sin rozarlos. Y comenzó a andar.
Elena se quedó paralizada mirándole marchar, un paso tras otro avanzaba sin siquiera dudar unos segundos o esperar. La marcha era segura y sin pausa. Ella se quedó horas, días y meses viéndole marchar, observando cómo la ley de proporciones le iba reduciendo poco a poco a escasos dos centímetros de ser, de vida, de compañero, de amado.
Por fin un día se decidió a emprender su propia marcha y dejar de observar. Así pues, dio media vuelta y movió un pie tras otro, avanzando metro a metro, poco a poco. Meses sin usar las piernas, y éstas volvieron a funcionar, primero poco a poco, fueron inyectándose aceite que las hiciera articular, y sin mucha espera adquirieron ritmo.

Al avance de cierta distancia, tampoco importaba cuánta, una voz se escuchó a lo lejos. Y volvió a sonar, formando un eco ininterrumpido en la cabeza de Elena. Ese eco gritaba su nombre. Ella regaló un descanso a su sistema locomotor y giró la cabeza buscando cada letra de su nombre. A lo lejos estaba Miguel, muy muy lejos ya, tanto que apenas se distinguían sus movimientos. Pero ella le vio, le vio mover la boca llamándola con el torso girado en dirección opuesta a sus piernas, en dirección a ella. Y entonces Miguel levantó un brazo y naturalizó un último movimiento de mano en forma de saludo, o más bien despedida. Se giró y siguió caminando.

Elena quedó perpleja en su trayectoria, y le costó volver a darle cuerda a su sistema, sacar a esas piernas del descanso.

Y siempre se preguntó por qué miró y por qué el se despidió.

domingo, 19 de mayo de 2013

Tuyo

Sí lo creo. Que en algún momento la vida te devuelve todo tu esfuerzo, ese que creíste infructuoso, ese por el que lloraste día y noche, algún día te es devuelto. Y lo tachas de milagro, de misericordia de ese Dios que no sabemos si existe. Pero es tuyo, es tu esfuerzo, siempre lo será.

domingo, 7 de abril de 2013

Retorno al camino


Ya volvió.

Pasó ni se sabe, bastante más de lo que ella hubiera querido y bastante menos de lo que en cambio pensaba. Estuvo inmóvil en esa cama de hospital, alimentada por vía intravenosa y relegada a la paciente, y no por ello sencilla, tarea del espectador. Se redujo a una simple espectadora que sin embargo no empleaba los ojos, ni los oídos, ni siquiera recuerda haber empleado el tacto en este periodo de su vida.

Sufrió un duro coma. Tiempo que creía haber perdido y sin embargo, nadie sabe cómo... Pero estuvo aprendiendo. No aprendió idiomas, ni matemáticas. Aprendió a vivir mientras, qué ironico, creía estar muerta.

En un tiempo estará lista y pondrá en práctica lo aprendido.