domingo, 31 de diciembre de 2017

Adiós 2017, adiós...

El 2017… A veces pienso que para lo único que sirven los años es para que podamos pensar en algo cuando acaban. El 1 de enero de 2018 bien podría parecerse al 27 de diciembre de 2017 o al mimsísimo 31, pero es 1 y con él empieza el contador que pusimos a cero después de la última uva. Algunos aprovechamos el momento para hacer balance del año que ya ha caducado y dejarlo por escrito, no vaya a ser que en unos años no nos acordemos de lo bien que fue o de la putada que surgió justo a mitad de año. Porque la memoria es muy de esa manera, de acordarse de lo que quiere, como mi madre.
El 2017 parece a primera vista haber sido un año un tanto tranquilo, aburrido, sin emociones remarcables. Pero la vista a veces está ciega. Como mi madre también (jajaja no, es broma… en este caso como yo).
  • En el 2017 he crecido algunos muchos centímetros, que los que no me conocen solo ven cuando me pongo tacones.
  • He aprendido, estoy aprendiendo, a construir casas empezando por los pilares y no por el tejado y parece que así se caen menos.
  • He tenido y tengo la gran suerte de tener a alguien al lado ayudando a asentar todo lo aprendido y que me ha dejado ir practicando. A veces no me ha salido muy bien, pero no ha dudado ni un segundo. Ojalá a todo el mundo le acompañara en la vida una persona como él.
  • He vuelto a vivir la experiencia Nueva York con personas importantes de mi vida y nos hemos traído la maleta llena de Levi’s, medias, abrigos y muchos buenos recuerdos, algún que otro bastante lamentable Pero nunca lo haremos público Nuria! Cuando las lágrimas son de risa, a estas alturas de la vida, se recuerdan mucho más.
  • Me he enganchado a El Patrón del Mal y ahora no puedo vivir un día sin escuchar la palabra “berraco” (tras una larga búsqueda en google sigue sin quedarme claro que esté bien escrito, pero arriesgo) y “tremenda berraquera” (Word no para de ponérmelo con v, pero a mí me gusta cómo queda con b y punto).
  • Me he mudado de casa y de barrio y me he llevado conmigo todo lo vivido allí con todas y cada una de las personas que me acompañaron en esos tres años.
  • He vuelto a hacer viajes a esquiar y me he dado cuenta de que cuanto más vieja soy más cobarde.
  • Me he apuntado a alemán por segunda vez y voy francamente mal Me atrevería a decir que hasta peor que la primera…
  • Por fin he hecho el descenso del Sella!!!! Y no me ha quedado otra que aprender a remar xD
  • Me he frustrado pensando que tengo que hacer algo sin saber bien qué, pero seguiremos buscando respuesta a esa pregunta, sino ¿qué nos queda para el 2018? Es decir, sigo como aquel 2016, más perdida que un pulpo en un garaje laboral.
  • Por fin he recorrido la Toscana y ¡me lo he bebido todo!
  • He tomado la firme decisión de eliminar de mi vida a todas aquellas personas que no suman o que simplemente han demostrado no querer estar y descubierto con ello que te aligera el camino.
  • He aprendido que la gente no actúa en base a lo que tú seas sino a lo que ellos son y me ha liberado del egocentrismo del mea culpa. Como decimos en mi círculo de confianza: cada uno que se mire sus culos… O lo que viene siendo en versión de gente normal: Cada palo que aguante su vela. A algunos no les dan los palos para tantas velas…
  • He comenzado la lección 1 del importante curso: Aprende a decir que no (no seas gilipollas). Y voy ahí, ahí…
  • Y por último, he sido muy feliz y he compartido y comparto y espero seguir compartiendo muchos momentos, ideas, sentimientos y alegrías con gente con la que cada vez es más difícil fabricar nuevos recuerdos, porque ya está todo repe y no puedes ir al patio y simplemente cambiar esos cromos…
El año 2017 parece a primera vista muy tranquilo, pero será punto de inflexión de muchas cosas que seguro comenzarán en 2018, porque al menos la ilusión no nos falta y porque la vista a veces está ciega.
Vuelvo a recordar la defectuosa caja de los deseos de aquel ya lejano 2015 creo que era… Y me arriesgo a meter un deseo dentro, ¡a lo loco! Feliz 2018