Me asusté un poco, no voy a negarlo, el día en que me dí cuenta que ya no le echaba de menos.
Mi vida seguía casi por completo sin recurrir a su imágen ni un sólo segundo. Sí, me asusté. No por no recordarle, que también, sino por la amargura que me invadió al pensar que yo era, había sido y seré olvidada de la misma manera.
Él había sido el mayor amor de mi vida, el que me venía a buscar después del cole, el que me subía al carrito de la compra nada más llegar al súper, el que me metía en la bañera y me dejaba hasta que se me arrugasen los dedos por completo, el que finjía sacar gominolas de mis orejas y enfadarse cuando escupía toda la sopa en un ataque de risa.
Él era eso y mucho más... Hasta que se fue. Y al final acabó siendo para mí igual de necesario que absolutamente nada. ¿Recuerdos? Sí, no voy a mentir, recuerdos guardo muchos, aunque la nitidez va desapareciendo con los años como es lógico, pero es la esencia de ellos lo que me permite imaginarle.
Sin embargo no son indispensables estos recuerdos. Los minutos, las horas, los días, los meses y los años pasan en mi vida sin importarle a ésta lo que se va quedando atrás y lo que continúa, es como una especie de apisonadora gigante que deja a su paso millones de cadáveres en vida.
Pero no es directamente proporcional la importancia que desempeñan las personas en la vida de uno y el grado de dispensable que éstas puedan llegar a ser, sí podría serlo el tiempo que tardan en llegar a serlo, pero jamás el grado.
No importa lo importante que alguien haya sido, sea o vaya a ser. Porque al final... Será siempre prescindible.
miércoles, 17 de agosto de 2011
martes, 9 de agosto de 2011
We couldn´t have it all
Control Z.
Y en cuanto sus pies tocaron el suelo de esa nueva tierra, separada de su origen por unos siete mil kilómetros, algo inexplicable recorrió todos sus sentidos. Ahora era una nueva persona, una persona a quien nadie conocía, era una chica de veinte años sin pasado.
Cada vez que salía de vacaciones era una nueva historia, similar al mismo tiempo que la anterior.
Se paseaba desnuda por la calle, imitando todo lo que otros visitantes hacían allá lejos donde ella vivía, saltaba en cada charco, se bañana en cada fuente, bailaba a cada paso, a cada nota musical. Vivía como si nunca hubiera hecho nada de eso, como si aprendiera una y otra vez lo que es el agua, el movimiento de los músculos, el alcohol, el sexo y la música.
Aprendió también a asumir quién era, si esque era alguien, a hablar sin remordimientos de lo que pensaba, de lo que sentía y de lo que soñaba...
Idas y venidas, conversaciones y bailes, alcohol y música, y siete días después era también para esa ciudad una chica conocida, tan conocida como lo era para su casa, sus vecinos, su familia...
Así que, asustada, se marchó corriendo, lejos... A pisar tierra en otra ciudad que no la conociera, a aprender de nuevo todo lo que ya sabía, a resultar mágicamente desconocida, a sentirse libre...
Sin embargó llegó, ese día en el que todo lo aprendido desapareció, la chica desconocida que ya era conocida por todas las ciudades del mundo se evaporó con todo eso que tantas veces había conocido y finjido desconocer... Y de ella sólo quedaron los restos... Había un poco de Europa en ella, sí, familiares y amigos consiguieron identificar ese poco, pero también residía un tanto de América, de Oceanía y de Asia en su pequeño cuerpo... También cada uno de los familiares, amigos y amantes de estos continentes pudieron atisbar las huellas que cada uno habían dejado en ella, o en lo que quedaba de ella...
Pasó toda su vida huyendo, pero, pasó toda su vida siendo feliz.
¿He dicho su vida? Quizás sea más correcto hablar de sus vidas...
Y en cuanto sus pies tocaron el suelo de esa nueva tierra, separada de su origen por unos siete mil kilómetros, algo inexplicable recorrió todos sus sentidos. Ahora era una nueva persona, una persona a quien nadie conocía, era una chica de veinte años sin pasado.
Cada vez que salía de vacaciones era una nueva historia, similar al mismo tiempo que la anterior.
Se paseaba desnuda por la calle, imitando todo lo que otros visitantes hacían allá lejos donde ella vivía, saltaba en cada charco, se bañana en cada fuente, bailaba a cada paso, a cada nota musical. Vivía como si nunca hubiera hecho nada de eso, como si aprendiera una y otra vez lo que es el agua, el movimiento de los músculos, el alcohol, el sexo y la música.
Aprendió también a asumir quién era, si esque era alguien, a hablar sin remordimientos de lo que pensaba, de lo que sentía y de lo que soñaba...
Idas y venidas, conversaciones y bailes, alcohol y música, y siete días después era también para esa ciudad una chica conocida, tan conocida como lo era para su casa, sus vecinos, su familia...
Así que, asustada, se marchó corriendo, lejos... A pisar tierra en otra ciudad que no la conociera, a aprender de nuevo todo lo que ya sabía, a resultar mágicamente desconocida, a sentirse libre...
Sin embargó llegó, ese día en el que todo lo aprendido desapareció, la chica desconocida que ya era conocida por todas las ciudades del mundo se evaporó con todo eso que tantas veces había conocido y finjido desconocer... Y de ella sólo quedaron los restos... Había un poco de Europa en ella, sí, familiares y amigos consiguieron identificar ese poco, pero también residía un tanto de América, de Oceanía y de Asia en su pequeño cuerpo... También cada uno de los familiares, amigos y amantes de estos continentes pudieron atisbar las huellas que cada uno habían dejado en ella, o en lo que quedaba de ella...
Pasó toda su vida huyendo, pero, pasó toda su vida siendo feliz.
¿He dicho su vida? Quizás sea más correcto hablar de sus vidas...
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