Control Z.
Y en cuanto sus pies tocaron el suelo de esa nueva tierra, separada de su origen por unos siete mil kilómetros, algo inexplicable recorrió todos sus sentidos. Ahora era una nueva persona, una persona a quien nadie conocía, era una chica de veinte años sin pasado.
Cada vez que salía de vacaciones era una nueva historia, similar al mismo tiempo que la anterior.
Se paseaba desnuda por la calle, imitando todo lo que otros visitantes hacían allá lejos donde ella vivía, saltaba en cada charco, se bañana en cada fuente, bailaba a cada paso, a cada nota musical. Vivía como si nunca hubiera hecho nada de eso, como si aprendiera una y otra vez lo que es el agua, el movimiento de los músculos, el alcohol, el sexo y la música.
Aprendió también a asumir quién era, si esque era alguien, a hablar sin remordimientos de lo que pensaba, de lo que sentía y de lo que soñaba...
Idas y venidas, conversaciones y bailes, alcohol y música, y siete días después era también para esa ciudad una chica conocida, tan conocida como lo era para su casa, sus vecinos, su familia...
Así que, asustada, se marchó corriendo, lejos... A pisar tierra en otra ciudad que no la conociera, a aprender de nuevo todo lo que ya sabía, a resultar mágicamente desconocida, a sentirse libre...
Sin embargó llegó, ese día en el que todo lo aprendido desapareció, la chica desconocida que ya era conocida por todas las ciudades del mundo se evaporó con todo eso que tantas veces había conocido y finjido desconocer... Y de ella sólo quedaron los restos... Había un poco de Europa en ella, sí, familiares y amigos consiguieron identificar ese poco, pero también residía un tanto de América, de Oceanía y de Asia en su pequeño cuerpo... También cada uno de los familiares, amigos y amantes de estos continentes pudieron atisbar las huellas que cada uno habían dejado en ella, o en lo que quedaba de ella...
Pasó toda su vida huyendo, pero, pasó toda su vida siendo feliz.
¿He dicho su vida? Quizás sea más correcto hablar de sus vidas...
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