Me explico mal cuando hablo contigo, tan mal que vuelvo a casa sin saber qué es lo que yo misma dije o quise decir en cada oración incógnita que te planteo.
Lo único que yo quise decirte es lo importante que fue estar contigo. Fue importante por millones de cosas, pero sobre todo importa haber aprendido a rendirse.
No es fácil cuando se trata de alguien como yo, con más empeño en lo imposible que en lo creíble. Con esas ganas de comerse el mundo que tienes con veinte años. Con ese ímpetu acorazado de la inexistencia de causas perdidas.
No te llamo causa perdida, simplemente no es mi causa. Y contigo, sobre todas las cosas, he aprendido el valor de una rendición a tiempo.
Gracias!
No hay comentarios:
Publicar un comentario