sábado, 12 de mayo de 2012

Tres segundos

–Eres especial Marina...
–No, no lo soy. Soy una persona normal con ganas de vivir.
–Por eso eres especial...

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mírame y dime que no

Las calles estaban desiertas, ni un alma se atrevía a mostrarse a la luz de las pocas farolas situadas a los márgenes de la carretera. Él paseaba tranquilo, haciendo un esfuerzo por levantar los pies del suelo. La noche siempre se le había dado bien para pensar, o para no pensar, según se mire.
Diez años después ahí seguía él, en los mismos sitios y a las mismas horas. Miraba hacia abajo cuando caminaba, tratando de averiguar si su sombra habría cambiado desde entonces, pero no conseguía ver nada. Podía oír el ruido del mar cuando el camino se metía hacia la costa, y eso le gustaba, saber que había algo más que tierra por la que seguir andando, saber que había un mar que poder surcar. ¿Total para qué? él nunca lo haría, quizás sus hijos, o sus nietos, o los que vinieran después, pero no él.
Algún coche extraviado pasaba de vez en cuando por su lado, salpicándole el agua que quedaba estancada en los desniveles de la carretera, pero él no gritaba, ni siquiera cambiaba el semblante, era sólo un poco más de mierda.
Le gustaba escuchar el sonido de sus zapatos, golpeando vagamente sobre la acera y formando en sus oídos un estruendo indescriptible, un eco abrumador, una sensación de poder, de éxito... Quizás la única en su larga y desgastada vida. Sólo se escuchaban sus zapatos. Los de nadie más.

Boom... Y el sonido rompió el silencio con la facilidad con la que se rompe una vajilla cara, con la sensualidad de un soplo de unos labios carnosos. Y los cristales volvieron a su lugar, y los labios se cerraron para siempre. Fue un segundo, nada más que un segundo, y el silencio recuperó su forma y su belleza. No quedaban pasos, ya no había mar...
Quedó tendido en la acera como una broma pesada. La sangre brotaba de su sien burbujeante, deseosa de tocar tierra, ardiente... Fluía como el agua que horas antes había regado la ciudad, con un ritmo constante, imparable, hipnotizante... Y se mezclaba con los restos de fango y mierda que había acumulados en el bordillo.

Alguien volvió, de nuevo, a elegir por él. Ni su propia muerte había sido capaz de decidir.

Ahora, al menos, ya estaba muerto...

domingo, 19 de febrero de 2012

Así huele la lluvia

Si quiero quererte te quiero... Y tú no tienes nada que decir.
Tú puedes quererme si quieres, o no.
Pero yo te quiero.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El arte

El arte sólo es tal si tiene unos espectadores, me dijeron un día charlando en un sofá. El que baila sólo lo hace bien si alguien es testigo de ello. El que pinta no puede regodearse en su ego si no hay nadie que le encuentre un sentido. El actor no cumple su papel si no hay quien le aplauda al final de la función.
Y el escritor no es nadie si su lector no ha aprendido siquiera a leer.
Y así escribimos, pintamos, fotografiamos, bailamos y actuamos en busca de una respuesta, un aplauso, una recompensa. Nos desesperamos por encontrar un juez de nuestro arte, un alguien que nos convenza de lo que valemos, un ente que aprecie nuestro hobbie, una lengua que se mueva al ritmo de unas palabras esperanzadoras, un bolígrafo, pluma, rotulador, lapicero o teclado que confirme, que afirme y que atestigüe.

Pero... No sólo lo hacemos con el arte. Nos vestimos, caminamos, nos movemos, conversamos, decidimos y actuamos como si cada vez que salimos al encuentro de otra persona cualquiera nos enfrentáramos a un juicio. Constantemente, cada minuto de nuestras vidas, cada segundo... Tic Tac... Correcto e incorrecto. Moral e inmoral. Apropiado e inapropiado. De acuerdo y en desacuerdo. Afín o contrario. Listo o tonto. Bueno o malo. Bien o mal.
Y llegamos a casa agotados, deshinchados, contentos de haber superado un día más las pruebas, o no... De haber interpretado un papel que ha gustado, del aplauso de la muchedumbre o de la minoría. Quizás sólo hubo dos manos aplaudiendo, pero eso nos satisface lo necesario.
¿Y al final quiénes somos?
¿Y qué es el arte?

lunes, 23 de enero de 2012

Privación del juicio o del uso de la razón

Estoy loca sí. Lo sé y lo acepto. La mía debe ser un tipo de locura extraña, quizás superficial, quizás una locura que también está loca.
Los médicos dicen que las personas locas lo son en parte por el hecho de no conocer su situación. Yo en cambio no solo la conozco, sino que disfruto con ella. Disfruto intensamente de los momentos en los que no pienso igual que el resto de cerebros, en los que el razonamiento queda anulado a favor de unos instintos desequilibrados y descontrolados.
Saboreo el momento en que otros ojos me miran con miedo, con horror, y hasta con asco. Vivo del placer de la sorpresa que provoca en otro ser vivo un comportamiento inesperado, de su desesperación, de su final aceptación y del instante en que se rinde, abandonado a la idea de ceder ante una loca. Un fuego que se apaga, tozudo, incrédulo, tenaz.
Voy y vengo constantemente, consciente del sentimiento de ira que despierto. Con el continuo vaivén de mis rizos indomables. Nunca me peino. Estoy loca. ¿Lo he dicho ya? Yo estoy loca.
Nunca lo dicen, pero la locura también provoca cierta atracción. Lo sé porque lo noto. Les observo observarme, y jugamos a este juego un buen rato. Ellos buscan en mi cierto sentido del equilibro, de estabilidad, analizando atentos si mi comportamiento se corresponde con el diálogo. Se desorientan. A ellas también les pasa en determinados momentos, aunque son menos. A ellos les encanta, la contradicción de su lógica contra mi locura, contra el deseo más puro. Yo sin embargo les observo analizarme. Y me río por dentro, a veces por fuera, y otras veces no sé si me he reido por dentro o por fuera. Pero siempre me río. Me hace gracia su absurdo, su búsqueda de nada y de todo, su enfrentamiento entre lo que tienen y lo que quieren, su lucha interor de clases, su pelo, su peine, sus zapatos limpios, su mujer perfumada, su intento de amor, sus dientes blancos, sus imanes de nevera, su "debe" y su "haber", sus manos.... Y me río. Nunca saben porqué, y me dan lástima, con todo eso... Y sólo quieren una cosa más. Y está loca. Me preguntan casi siempre porqué me río, qué me hace gracia. Y me dan lástima. Estoy loca, ellos lo saben, y preguntan. Creo que con esperanzas de entender y razonar, de justificarse y de "salvarme". A mí me gusta estar loca.
Y les contesto: "Me hacen gracia tus dientes blancos" Y me río sin parar durante un rato, a veces para mí y otras para él. Pero no le gusta, cierra la boca rápido y continúa perplejo, preguntándose a sí mismo qué ve su inconsciente (literal y figuradamente) en una loca como yo.
"Es deseo"
"¿Qué?"
"Que se llama deseo..."
"Estás loca..."

Ya no me río. No soporto a la gente tonta.
Yo no estoy loca....


jueves, 12 de enero de 2012

martes, 10 de enero de 2012

Suspiros suspensivos


Llegó apenas a esbozar un gemido más corto que el pronunciar de estas palabras, y su amor se escapó entre el espacio de estas frases. Besos y aparte.