"Va anda... Ponte el pijama"
Ella ríe suavemente.
"¡Que pesado!"
"Va... va... Que ya son las once"
"Me tengo que duchar Pablo"
Él se acerca insinuante mientras desliza una de sus manos por la pierna de ella, que se recuesta sobre el sofá.
"No, no... Espera a que me ponga el pijama"
"No voy a esperar una ducha..."
Ella sonríe esta vez insinuante. Definitivamente es la tentación en persona.
"Tú esperarás lo que yo quiera que esperes"
Claro que sí, ella lo sabe y él también. Esperaría una vida entera por ver a aquella mujer desnuda, aunque sea la milésima vez.
"No me quites autoridad" dice divertido mientras juega a retenerla.
"No le puedo quitar algo que no tiene señor Jiménez" responde ella fingiendo seriedad.
"Cierto señorita Blanco, pero yo sí que puedo quitarle a usted la ropa... Porque de eso tiene, ¿verdad?"
Que idiota era él cuando se lo proponía, y cuánto le gustaba. Leer en sus ojos sus ganas. Cómo le brillaban cada vez que la miraba, y lo enormes que se volvían con solo dedicarle una palabra. Era increible que sólo una persona del mundo fuera capaz de provocar eso en él, o al menos de aquella forma.
Pero ella se incorporó de golpe forzándole a él a hacerlo tambien, y reía alegremente mientras se abrochaba el botón del pantalón que él había conseguido desabrochar en algún momento sin que ella se diera cuenta.
"Prefiero quitarmela yo si no le importa al señor" decía mientras se levantaba y caminaba hacia la escalera.
"¿Y si digo que me importa?"
"Entonces tendrás que aguantarte" Se la oye gritar desde media altura.
"Bien, tu te lo pierdes. Soy capaz de desnudarte mucho mejor que tú" comenta él en un intento desesperado de converncerla.
Ella se asoma desde el primer piso y dice medio gritando:
"¡Menuda mierda de argumento cariño!"
Lo que provoca en él una carcajada profunda, seguida de un tono de decepción.
"Había que probar Sara... Había que probar..."
"Anda tonto sube aquí que te voy a demostrar cómo se desnuda a una mujer"
Y sin pensarlo siquiera una vez, antes de que terminara aquella frase él ya había llegado hasta ella. Y sintió que estuviera donde estuviera, en cualquier momento de su vida él estaría allí con ella, aprendiendo a desnudarla, a quererla, a cuidarla, a entenderla, a acariciarla, a besarla, a escucharla, a tranquilizarla...
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