domingo, 18 de enero de 2015

Una historia bonita, parte 2

Él tenía un trabajo, uno de esos en los que los padres están orgullosos de sus hijos aunque sus hijos no estén orgullosos de ellos mismos. Al final eso pocas veces importa, porque lo que cuenta es la admiración externa, nunca suma la propia.
En fin, que él tenía un trabajo, también tenía una casa donde vivir y comida que comer. Todo era seguro, tan seguro como que vivía en Madrid, se levantaba a las siete y media, cogía el autobús de las ocho y cuarto y a veces (pocas) me lo cruzaba de vuelta a casa en el metro.

Yo pensaba en él como el chico de las mil barreras, de los "no me enamoro" o "no te enamores" más constantes de los que había escuchado nunca. Y aunque quedaron atrás pronto, para mí él siempre fue eso.

Un día, el primero, le vi en el andén de la línea 10 en el infierno de cambio de Tres Olivos. Entiendo su sorpresa al verme, vestida para uno de esos trabajos en los que los padres están orgullosos de sus hijos, y sus comentarios sobre el cambio de la vida y las personas. Él estaba igual. Los años no pasaron para él, con la única diferencia de que no parecía feliz.

Tras una pequeña introducción de cortesía que iba desde el qué tal te va hasta el recuerdo de un par de momentos del pasado que ambos creíamos olvidados, me dijo:

- He conocido a alguien - Vaya... Sí que tenía ganas de soltarlo.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?
- ¡Bien! Muy bien...
- Peero....
- ¿Cómo sabes que hay un pero?
Sonrío, - Esa cara siempre va seguida de un pero -
- Sí. Se va
- ¿A dónde?
- A su país
- ¿Por qué?
- Aquí no consigue trabajo y creo que le apetece volver con su familia
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Que si tú te vas... Con ella
- No, claro que no...

Y lo siguiente que sé es que él deja su trabajo de contrato fijo, sus padres ya no están orgullosos de él, él hace la maleta, compra un billete de avión, respira hondo y... Se marcha. A un país en el que no tiene trabajo, en el que no habla la lengua oficial, en el que no tiene familia, ni amigos.
Y entonces despierta en mí la admiración más profunda del que arriesga una vida entera por algo que quiere. Y sé que, conociéndole, ha sido lo más valiente que de momento conozco.

Es por eso por lo que muchos días pienso en él, y espero con mucha fuerza que le salga bien y que le de fuerzas para seguir siendo valiente, para poder seguir viviendo de verdad.

(Un beso. Muchos besos. Te mereces que todo te vaya bien, porque la vida es para los que arriesgan)

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