Estoy loca sí. Lo sé y lo acepto. La mía debe ser un tipo de locura extraña, quizás superficial, quizás una locura que también está loca.
Los médicos dicen que las personas locas lo son en parte por el hecho de no conocer su situación. Yo en cambio no solo la conozco, sino que disfruto con ella. Disfruto intensamente de los momentos en los que no pienso igual que el resto de cerebros, en los que el razonamiento queda anulado a favor de unos instintos desequilibrados y descontrolados.
Saboreo el momento en que otros ojos me miran con miedo, con horror, y hasta con asco. Vivo del placer de la sorpresa que provoca en otro ser vivo un comportamiento inesperado, de su desesperación, de su final aceptación y del instante en que se rinde, abandonado a la idea de ceder ante una loca. Un fuego que se apaga, tozudo, incrédulo, tenaz.
Voy y vengo constantemente, consciente del sentimiento de ira que despierto. Con el continuo vaivén de mis rizos indomables. Nunca me peino. Estoy loca. ¿Lo he dicho ya? Yo estoy loca.
Nunca lo dicen, pero la locura también provoca cierta atracción. Lo sé porque lo noto. Les observo observarme, y jugamos a este juego un buen rato. Ellos buscan en mi cierto sentido del equilibro, de estabilidad, analizando atentos si mi comportamiento se corresponde con el diálogo. Se desorientan. A ellas también les pasa en determinados momentos, aunque son menos. A ellos les encanta, la contradicción de su lógica contra mi locura, contra el deseo más puro. Yo sin embargo les observo analizarme. Y me río por dentro, a veces por fuera, y otras veces no sé si me he reido por dentro o por fuera. Pero siempre me río. Me hace gracia su absurdo, su búsqueda de nada y de todo, su enfrentamiento entre lo que tienen y lo que quieren, su lucha interor de clases, su pelo, su peine, sus zapatos limpios, su mujer perfumada, su intento de amor, sus dientes blancos, sus imanes de nevera, su "debe" y su "haber", sus manos.... Y me río. Nunca saben porqué, y me dan lástima, con todo eso... Y sólo quieren una cosa más. Y está loca. Me preguntan casi siempre porqué me río, qué me hace gracia. Y me dan lástima. Estoy loca, ellos lo saben, y preguntan. Creo que con esperanzas de entender y razonar, de justificarse y de "salvarme". A mí me gusta estar loca.
Y les contesto: "Me hacen gracia tus dientes blancos" Y me río sin parar durante un rato, a veces para mí y otras para él. Pero no le gusta, cierra la boca rápido y continúa perplejo, preguntándose a sí mismo qué ve su inconsciente (literal y figuradamente) en una loca como yo.
"Es deseo"
"¿Qué?"
"Que se llama deseo..."
"Estás loca..."
Ya no me río. No soporto a la gente tonta.
Yo no estoy loca....
lunes, 23 de enero de 2012
jueves, 12 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
Suspiros suspensivos
Llegó apenas a esbozar un gemido más corto que el pronunciar
de estas palabras, y su amor se escapó entre el espacio de estas frases. Besos
y aparte.
domingo, 1 de enero de 2012
Y se acabó
"Eran una pareja que era una pareja"
Y se me escapa una risa tonta y melancólica que más que para el viento era para él. Ese él que nunca existió.
"¿De que te ríes?"
"¿Una pareja que era una pareja? Convincente..."
"Sí, tú me entiendes..."
"Sí"
Y mi respuesta suena a nada, como quien asiente distraido mientras alcanza a comprender el significado completo de la afirmación.
Sí, claro que lo sé. Mis neuronas trabajan sin descanso para conseguir inventar una utopía como aquella. Imaginan y traman a escondidas todo lo que yo deseo, planean como microseres en un mundo de ensueño, se organizan y actúan sin ser vistas, ni oídas, ni sentidas. Y crean para mí a ese ser que completa la pareja que nos convierte en una pareja.
Y se me escapa una risa tonta y melancólica que más que para el viento era para él. Ese él que nunca existió.
"¿De que te ríes?"
"¿Una pareja que era una pareja? Convincente..."
"Sí, tú me entiendes..."
"Sí"
Y mi respuesta suena a nada, como quien asiente distraido mientras alcanza a comprender el significado completo de la afirmación.
Sí, claro que lo sé. Mis neuronas trabajan sin descanso para conseguir inventar una utopía como aquella. Imaginan y traman a escondidas todo lo que yo deseo, planean como microseres en un mundo de ensueño, se organizan y actúan sin ser vistas, ni oídas, ni sentidas. Y crean para mí a ese ser que completa la pareja que nos convierte en una pareja.
lunes, 12 de diciembre de 2011
It makes no sense
Me merecía seguir mi camino sin poder echar la vista atrás. Pero en lugar de eso el destino decidió lo que un principio parecía ayudarme. Se me perdonaron todos mis pecados, y los sapos salieron por mi boca uno a uno, despacio, tan verdes, tan asquerosos. Vomité toda la mierda que invadía mis sentidos. Me senté al lado de la taza del water, intercambiando algún pensamiento con Dios, supliqué y me suplicó, vencí y me dí por vencido, lloré y pataleé como lo hubiera hecho un niño. Y así pasé la tarde de domingo, vomitando sin digerir.
Al terminar el día me miré al espejo. No había nadie.... No reconocía a nadie.
Creo que aquello no era un espejo.
No. No reconocía a nadie.
Por favor.... Dadme un espejo.
Por favor....
Un espejo.
Dadme... un espejo.
O un alma....
Dadme. Algo.
Al terminar el día me miré al espejo. No había nadie.... No reconocía a nadie.
Creo que aquello no era un espejo.
No. No reconocía a nadie.
Por favor.... Dadme un espejo.
Por favor....
Un espejo.
Dadme... un espejo.
O un alma....
Dadme. Algo.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Que ser cobarde no valga la pena
Pablo era de esas personas que se bebía la leche condensada y hacía castillos de nata montada sobre su boca. Nunca bajaba la tapa del water y bebía morro todo cuanto caía en sus manos.
Pablo no llamaba nunca por teléfono ni buscaba mujeres en cada discoteca. Miraba por la ventana cada vez que llovía y ponía los pies sobre la mesa sin nigún tipo de pudor.
Pablo era así. Y además era un cobarde. Nunca tuvo nada, nunca jugó a nada, no soportaba la idea de perder.
Pablo corría todos los días hasta la guardería donde trabajaba Marta. La miraba ir y venir de un lado a otro, jugar con los niños, recorrer el patio, toser, hablar, reir... Y disfrutaba con ello más que con nada de lo que hacía.
Pablo era así. Y así fue toda su vida. Un cobarde.
Pablo no llamaba nunca por teléfono ni buscaba mujeres en cada discoteca. Miraba por la ventana cada vez que llovía y ponía los pies sobre la mesa sin nigún tipo de pudor.
Pablo era así. Y además era un cobarde. Nunca tuvo nada, nunca jugó a nada, no soportaba la idea de perder.
Pablo corría todos los días hasta la guardería donde trabajaba Marta. La miraba ir y venir de un lado a otro, jugar con los niños, recorrer el patio, toser, hablar, reir... Y disfrutaba con ello más que con nada de lo que hacía.
Pablo era así. Y así fue toda su vida. Un cobarde.
martes, 8 de noviembre de 2011
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