Hola Paula:
En primer lugar discúlpame por la cobardía de no decirte estas palabras a la cara, de saber que es más fácil el hacerlo así y no ver tus ojos al leerlo.
Quiero que sepas que ha sido contigo con quien he pasado el mejor tiempo de mi vida, incluso sabiendo que nunca hemos pasado del simple abrazo, del roce de unas manos inocentes al simular un combate de boxeo, del insulto torpe que emitía mi boca cada vez que te burlabas, de las discusiones eternas por lo moralmente correcto, de las llamadas telefónicas a las tres de la mañana confesando delirios inconfesables.
Y saber que el mero hecho de no haber entre nosotros nada más que esos simples detalles me destruía por dentro, saberlo y no poder decirlo ha sido y sigue siendo a su vez el detonante de todo. El detonante de la magia que siento entre nosotros, de que todas las noches me vaya a la cama con Marta y no pueda sino pensar en tí, de lo culpable que me siento mirándote y deseando que te acerques demasiado, que me toques, que me beses, que todo. El detonante de esta carta al fin y al cabo.
Paula, me estás matando.
Ella no se merece esto, ella me ha dado siempre todo lo que ha podido, todo lo que he pedido y... Ella no se merece esto. No tiene la culpa de que sean tus labios los que imagino cada vez que cierro los ojos, de que seas tú la persona con la que me acuesto cada noche, de que sean esas llamadas tuyas a las tres de la mañana las que espero, de que yo te quiera incluso sin haberte besado.
Sé que todo esto que te cuento tú ya lo sabes, sé que los dos lo sabíamos y nos callábamos por miedo a que acabara, por miedo a que algún día alguno de los dos escribiera esta carta. Pues aquí esta, con todas sus consecuencias. Con ella se acaban los abrazos, los combates, las discusiones, las llamadas, las miradas, las risas… Con ella se acabó todo lo que ni siquiera ha empezado.
Quiero seguir con mi vida, tengo casi 30 años y aún parece que me guío por los instintos de cuando tenía 15. Tengo que arreglarlo con Marta… Se lo debo, me lo debo y también a ti te lo debo.
Te quiero Paula, pese a mis intentos por no hacerlo te quiero demasiado, y eso nunca fue bueno para nadie.
Espero que algún día puedas perdonarme. Cuídate mucho.
David.
PD: nunca olvidaré los sueños.
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