jueves, 12 de enero de 2012

martes, 10 de enero de 2012

Suspiros suspensivos


Llegó apenas a esbozar un gemido más corto que el pronunciar de estas palabras, y su amor se escapó entre el espacio de estas frases. Besos y aparte.

domingo, 1 de enero de 2012

Y se acabó

"Eran una pareja que era una pareja"
Y se me escapa una risa tonta y melancólica que más que para el viento era para él. Ese él que nunca existió.
"¿De que te ríes?"
"¿Una pareja que era una pareja? Convincente..."
"Sí, tú me entiendes..."
"Sí"
Y mi respuesta suena a nada, como quien asiente distraido mientras alcanza a comprender el significado completo de la afirmación.
Sí, claro que lo sé. Mis neuronas trabajan sin descanso para conseguir inventar una utopía como aquella. Imaginan y traman a escondidas todo lo que yo deseo, planean como microseres en un mundo de ensueño, se organizan y actúan sin ser vistas, ni oídas, ni sentidas. Y crean para mí a ese ser que completa la pareja que nos convierte en una pareja.

lunes, 12 de diciembre de 2011

It makes no sense

Me merecía seguir mi camino sin poder echar la vista atrás. Pero en lugar de eso el destino decidió lo que un principio parecía ayudarme. Se me perdonaron todos mis pecados, y los sapos salieron por mi boca uno a uno, despacio, tan verdes, tan asquerosos. Vomité toda la mierda que invadía mis sentidos. Me senté al lado de la taza del water, intercambiando algún pensamiento con Dios, supliqué y me suplicó, vencí y me dí por vencido, lloré y pataleé como lo hubiera hecho un niño. Y así pasé la tarde de domingo, vomitando sin digerir.

Al terminar el día me miré al espejo. No había nadie.... No reconocía a nadie.
Creo que aquello no era un espejo.
No. No reconocía a nadie.
Por favor.... Dadme un espejo.
Por favor....

Un espejo.

Dadme... un espejo.
O un alma....

Dadme. Algo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Que ser cobarde no valga la pena

Pablo era de esas personas que se bebía la leche condensada y hacía castillos de nata montada sobre su boca. Nunca bajaba la tapa del water y bebía morro todo cuanto caía en sus manos.
Pablo no llamaba nunca por teléfono ni buscaba mujeres en cada discoteca. Miraba por la ventana cada vez que llovía y ponía los pies sobre la mesa sin nigún tipo de pudor.
Pablo era así. Y además era un cobarde. Nunca tuvo nada, nunca jugó a nada, no soportaba la idea de perder.
Pablo corría todos los días hasta la guardería donde trabajaba Marta. La miraba ir y venir de un lado a otro, jugar con los niños, recorrer el patio, toser, hablar, reir... Y disfrutaba con ello más que con nada de lo que hacía.
Pablo era así. Y así fue toda su vida. Un cobarde.

martes, 8 de noviembre de 2011

Me alegro

Una cara sonríe sin firma y alegra la vida.

Un pijama por favor

"Va anda... Ponte el pijama"
Ella ríe suavemente.
"¡Que pesado!"
"Va... va... Que ya son las once"
"Me tengo que duchar Pablo"
Él se acerca insinuante mientras desliza una de sus manos por la pierna de ella, que se recuesta sobre el sofá.
"No, no... Espera a que me ponga el pijama"
"No voy a esperar una ducha..."
Ella sonríe esta vez insinuante. Definitivamente es la tentación en persona.
"Tú esperarás lo que yo quiera que esperes"
Claro que sí, ella lo sabe y él también. Esperaría una vida entera por ver a aquella mujer desnuda, aunque sea la milésima vez.
"No me quites autoridad" dice divertido mientras juega a retenerla.
"No le puedo quitar algo que no tiene señor Jiménez" responde ella fingiendo seriedad.
"Cierto señorita Blanco, pero yo sí que puedo quitarle a usted la ropa... Porque de eso tiene, ¿verdad?"
Que idiota era él cuando se lo proponía, y cuánto le gustaba. Leer en sus ojos sus ganas. Cómo le brillaban cada vez que la miraba, y lo enormes que se volvían con solo dedicarle una palabra. Era increible que sólo una persona del mundo fuera capaz de provocar eso en él, o al menos de aquella forma.
Pero ella se incorporó de golpe forzándole a él a hacerlo tambien, y reía alegremente mientras se abrochaba el botón del pantalón que él había conseguido desabrochar en algún momento sin que ella se diera cuenta.
"Prefiero quitarmela yo si no le importa al señor" decía mientras se levantaba y caminaba hacia la escalera.
"¿Y si digo que me importa?"
"Entonces tendrás que aguantarte" Se la oye gritar desde media altura.
"Bien, tu te lo pierdes. Soy capaz de desnudarte mucho mejor que tú" comenta él en un intento desesperado de converncerla.
Ella se asoma desde el primer piso y dice medio gritando:
"¡Menuda mierda de argumento cariño!"
Lo que provoca en él una carcajada profunda, seguida de un tono de decepción.
"Había que probar Sara... Había que probar..."
"Anda tonto sube aquí que te voy a demostrar cómo se desnuda a una mujer"
Y sin pensarlo siquiera una vez, antes de que terminara aquella frase él ya había llegado hasta ella. Y sintió que estuviera donde estuviera, en cualquier momento de su vida él estaría allí con ella, aprendiendo a desnudarla, a quererla, a cuidarla, a entenderla, a acariciarla, a besarla, a escucharla, a tranquilizarla...