domingo, 25 de enero de 2015

Ninguna parte

Siempre supieron que iban a ninguna parte.
Y aquel ninguna parte será el lugar donde se reencuentren cuando, solos y heridos por haber buscado el "alguna parte" con los ojos huecos, huyan a esconderse.

Deseando, sin saberlo, acabar con ella en ninguna parte.

domingo, 18 de enero de 2015

Una historia bonita, parte 2

Él tenía un trabajo, uno de esos en los que los padres están orgullosos de sus hijos aunque sus hijos no estén orgullosos de ellos mismos. Al final eso pocas veces importa, porque lo que cuenta es la admiración externa, nunca suma la propia.
En fin, que él tenía un trabajo, también tenía una casa donde vivir y comida que comer. Todo era seguro, tan seguro como que vivía en Madrid, se levantaba a las siete y media, cogía el autobús de las ocho y cuarto y a veces (pocas) me lo cruzaba de vuelta a casa en el metro.

Yo pensaba en él como el chico de las mil barreras, de los "no me enamoro" o "no te enamores" más constantes de los que había escuchado nunca. Y aunque quedaron atrás pronto, para mí él siempre fue eso.

Un día, el primero, le vi en el andén de la línea 10 en el infierno de cambio de Tres Olivos. Entiendo su sorpresa al verme, vestida para uno de esos trabajos en los que los padres están orgullosos de sus hijos, y sus comentarios sobre el cambio de la vida y las personas. Él estaba igual. Los años no pasaron para él, con la única diferencia de que no parecía feliz.

Tras una pequeña introducción de cortesía que iba desde el qué tal te va hasta el recuerdo de un par de momentos del pasado que ambos creíamos olvidados, me dijo:

- He conocido a alguien - Vaya... Sí que tenía ganas de soltarlo.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?
- ¡Bien! Muy bien...
- Peero....
- ¿Cómo sabes que hay un pero?
Sonrío, - Esa cara siempre va seguida de un pero -
- Sí. Se va
- ¿A dónde?
- A su país
- ¿Por qué?
- Aquí no consigue trabajo y creo que le apetece volver con su familia
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Que si tú te vas... Con ella
- No, claro que no...

Y lo siguiente que sé es que él deja su trabajo de contrato fijo, sus padres ya no están orgullosos de él, él hace la maleta, compra un billete de avión, respira hondo y... Se marcha. A un país en el que no tiene trabajo, en el que no habla la lengua oficial, en el que no tiene familia, ni amigos.
Y entonces despierta en mí la admiración más profunda del que arriesga una vida entera por algo que quiere. Y sé que, conociéndole, ha sido lo más valiente que de momento conozco.

Es por eso por lo que muchos días pienso en él, y espero con mucha fuerza que le salga bien y que le de fuerzas para seguir siendo valiente, para poder seguir viviendo de verdad.

(Un beso. Muchos besos. Te mereces que todo te vaya bien, porque la vida es para los que arriesgan)

domingo, 11 de enero de 2015

Revivir es así

Remito mis nuevos ataques a viejos recuerdos. Me doy cuenta de que cuanto más cargo contra ti en realidad más estoy cargando contra mí mismo y el peso de toda la mierda que llevo en esta mochila que suma y suma cada año.
Si hubiera sabido lo que sé ahora, y por el contrario ahora supiera lo que sabía entonces, tan sólo lo que sabía entonces... Si así fuera entonces quizás hoy no me bloquearía el miedo a que te fueras y preferiría la insensatez de andar sobre un tejado en ruinas por llegar hasta algún lado contigo. Si los recuerdos no existieran, la vida no dejara huellas y al cerrar los párpados sólo encontráramos vacío, entonces quizás podría decirte con palabras lo que sé que me intuyes cuando me miras directamente a los ojos.
Si sólo hubiera "ahora" sin la existencia del "antes" probablemente no retrocedería tanto por cada paso que avanzo, te diría las verdades sin tapujos, como haría mi yo del "ahora" cuando era "antes", te compraría un libro y te lo regalaría con una de esas dedicatorias que no se olvidan, dejaría de lado la jodida visión pragmática de las cosas que no deberían meditarse y te prometería la luna aunque supiera que no puedo alcanzarla.

El problema es que no existe un "ahora" separado de un "antes", que la vida deja heridas imborrables y que cuando cerramos los ojos aparecen fantasmas que me susurran el riesgo de ir a buscarte, de regalarte un libro o de colmarte de las verdades sin tapujos que en el fondo mereces.

No cabe nada en cajas cerradas.Y yo, sinceramente, quiero abrirte todas mis ventanas.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Una historia bonita

Algún día contaré su historia. Relataré a quien lo ansíe el cómo, de qué manera, las historias bonitas sólo suceden a quien no las cree pero las afronta.
A quien pese a las buenas excusas para respaldarse, avanza.
A quien se arriesga a que nada salga en pro de un Todo improbable.
A quien, amigos, no le es cómodo ser cobarde.

Es por eso que a ti, créeme cariño, a ti nunca va a pasarte.

martes, 29 de julio de 2014

Nuevo habitante

Albergué por unos minutos la esperanza de que aquel bicho monstruoso saliera por sus propias y diminutas patas del resquicio de la puerta. El muy puñetero parecía haber encontrado un acogedor hogar en el revés de uno de los calcetines que me había quitado la noche anterior.
Tengo la horrible costumbre de no matar ningún bicho, por feo que me parezca, por estúpido que sea o por cien patas que tenga. No señor, no lo mato y punto.
Y entonces es momento de llamar al gato...
"¡Dino!"
Dino debe estar lamiéndose de la comisura de los labios el caviar para felinos que se me ocurrió comprarle ayer, aunque él más que un felino empiece a parecer una vaca.

"¡¡¡¡Dinoooooooo!!!!"
Me permito el lujo de apartar por un segundo la vista del peludo bicho-bola-nuevo-habitante-de-mi-calcetín para dirigirla hacia lo largo del pasillo, mientras rezo todo lo que no me sé para que no desaparezca y pienso en lo útil que sería, no solo para ésta sino para otras múltiples ocasiones, un ojo en el cogote.
 "Pssss, pssssss.¡¡ Dino a comer¡¡ " - Esta siempre cuela
Dino aparece como alma que lleva el diablo, corre todo el pasillo y hace un espectacular derrape al llegar a la habitación. Queda poco elegante cuando la tripa le roza el suelo, pero por lo demás espectacular.

"Dino, cómete eso, mira..." - Entreabro un poco la puerta para que pueda mirar mi calcetín a rayas grises y rojas y con el dedo le señalo al señor bicho-bola.
El gato atónito me mira a mí con lo que parece ser una expresión a caballo entre el "¿me tomas el pelo?" y el "si crees que está rico puedes comértelo tú", agarra el calcetín con los dientes, deja caer al señor bicho-bola y con su música a otra parte.

El señor Bicho Bola parece no inmutarse ante la caida, que no era desde un octavo pero tampoco como para permanecer impasivo. Así que me acerco despacio, como el que se aproxima a examinar a una serpiente, supongo que con miedo a que saltara y me comiera viva, o se pusiera de pie y andara... No se sabe.
¿Sr. Bicho-Bola? Le doy unos toques cariñosos con el dedo. Pero nada.

Señor Bicho-Bola-Nuevo-Habitante-de-Mi-Calcetín estaba muerto. Siempre lo estuvo. Los quince minutos enteros, con todos sus segundos.

martes, 1 de julio de 2014

Bandera blanca

Me explico mal cuando hablo contigo, tan mal que vuelvo a casa sin saber qué es lo que yo misma dije o quise decir en cada oración incógnita que te planteo.

Lo único que yo quise decirte es lo importante que fue estar contigo. Fue importante por millones de cosas, pero sobre todo importa haber aprendido a rendirse.

No es fácil cuando se trata de alguien como yo, con más empeño en lo imposible que en lo creíble. Con esas ganas de comerse el mundo que tienes con veinte años. Con ese ímpetu acorazado de la inexistencia de causas perdidas.

No te llamo causa perdida, simplemente no es mi causa. Y contigo, sobre todas las cosas, he aprendido el valor de una rendición a tiempo.

Gracias!

martes, 24 de junio de 2014

a+b = c

La descabellada idea de pretender recomponer un corazón a besos, siendo éstos los mismos besos que lo destrozaron.

Y que, sin quererlo, todo llegue tarde.