Tirarme al vacío
sin paracaídas
y sentir por fin
que esto es la vida.
Que me tires al vacío
aún con paracaídas
y sentir
el fin
de la vida.
lunes, 14 de octubre de 2024
domingo, 13 de octubre de 2024
Sin derecho a réplica
Me guardo el derecho
a vetarte el derecho a réplica.
Porque si replicas...
Me quedo.
Te guardas el derecho
a vetarme el derecho a réplica.
Porque si replico...
Te quedas.
Y con ello se mueren todos los grises de la historia.
sábado, 6 de julio de 2019
Adiós 2018, adiós...
Esta fue mi despedida del 2018... Dando gracias por muchas cosas, alguna de las cuales me duró apenas dos meses más después de escribirlo. Aún así doy gracias al 2018 por haberle tenido. Siempre, cada día del 2019 paso un ratito con él, aunque no esté. Así que cuando termine este año también daré gracias por eso. Algún día, cuando sea capaz, le escribiré algo que pueda leerle en uno de esos ratitos al día que paso con él.
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El otro día mi amiga Ana, en uno de nuestros peculiares grupos de amigas, tuvo a bien recordarnos a todas ponernos algún que otro propósito de esos que se subastan siempre a finales de año. Cada una (más o menos...) explicó alguno. Antes de que yo empezara me advirtió: “Sandra, tú mejor uno que no quieras, que acuérdate de la caja de los deseos”. Sí, ese momento “caja” que sucedió allá por el 2015 y que supuso el inicio de estas notas baratas de repaso de fin de año. Pues bien, supe en ese instante que el momento caja iba a quedar para los anales (porque siempre me lo recordará Ana y porque siempre será un momento que fue como el culo...).
Este año me ha traído algún que otro instante de primeras veces, que son más caras con el tiempo porque la oferta es más y más reducida cada vez... He visitado, disfrutado y adorado mi gran viaje a Japón, mi primer país asiático. Y me ha recordado que viajar te regala vida, porque hace que cada minuto que pase sea más intenso, más puro, más de infancia. Y ahí la vida siempre es eterna, cuando uno es pequeño...
He conseguido algo que era un propósito de los malos (de esos que no dependen 100% de ti, que no os engañen, esos propósitos son malos muy malos y mi caja de deseos bien lo sabe jaja). Me han dado la oportunidad de dar clases en la universidad y la he cazado al vuelo. La he metido en una pecera de cristal y cada día me he dejado la piel por alimentarla y cuidarla como se merece. No tengo ni idea de cómo se siente uno cuando sube a un escenario y descubre a un público entregado por sus canciones, porque la mitad del mío no está precisamente entregado, pero me vale cada uno de los minutos por verles aprender. He tenido algún que otro percance por el tema del idioma pero es que si no fuera así no sé qué historias les contaría a mis compañeros de trabajo en las comidas.
He descubierto que además de más cobarde con el tiempo, a lo que físico se refiere, también tengo menos vergüenza con el tiempo. Si quiero algo lo pido, si creo algo lo digo y si pienso algo lo hago. Es bien. Se vive bien. Solo hay que intentarlo.
He recibido al primito más pequeño (de momento) y mono del mundo y lo he sujetado en un solo brazo (intenté intentarlo con una sola mano, pero a su madre no le pareció buena idea) con un día de vida. La piel le olía a nuevo, como a los coches pero mejor. Los ojos los tenía pegados como si se acabara de echar la siesta de su vida y le estuviéramos molestando. Y lloraba todo el rato... Porque se parece a mi y tiene hambre y sueño constantemente, aunque por lo menos los intercala (yo no). Es increíble el amor que puede despertar algo tan pequeño.
Pero además de todas aquellas cosas que he vivido por primera vez está todo lo que he tenido la fortuna de repetir por milésima vez y que no agradezco lo suficiente.
- Hemos celebrado unos cumples más que épicos de algunas vejestorias que tenemos por amigas, porque esperar a despedida de solteras se nos va a hacer laaaargo laaargo . Nos hemos sometido a un cuasi homicidio por subir a alguna a la banana y luego se ha quedado obsesionada y ve plátanos por todos lados. Somos gente horrible. Pero tengo la fortuna de seguir compartiendo momentos junto a esta gente horrible.
- Un año más nos hemos podido sentar toda la familia a la mesa en los días importantes. Y esto, aunque triste, es así: cada año es un regalo especial para aquellos que están apurando el agua de los hielos de ese refresco que pidieron hace ya tanto tiempo... Y para nosotros, que nos regalan un año más de sus locuras seniles a las que hace ya unos años que prestamos más atención que de costumbre, no vaya a ser que algún día se nos olviden.
- He cumplido mi propósito de sacar de mi vida a los que no aportan nada.
- Y aquí sigo un año más... Con un proyecto casi infinito con una persona con la que tengo la sensación de que siempre es el principio. Y eso después de dos años largos también es para mi algo nuevo.
Y hasta aquí puedo leer de este 2018, en el que dejamos las muchas rimas atrás para meternos de lleno en el año en el que cumplo T R E I N T A.
It’s gonna be legen....
wait for it....
DARY!
domingo, 31 de diciembre de 2017
Adiós 2017, adiós...
El 2017… A veces pienso que para lo único que sirven los años es para que podamos pensar en algo cuando acaban. El 1 de enero de 2018 bien podría parecerse al 27 de diciembre de 2017 o al mimsísimo 31, pero es 1 y con él empieza el contador que pusimos a cero después de la última uva. Algunos aprovechamos el momento para hacer balance del año que ya ha caducado y dejarlo por escrito, no vaya a ser que en unos años no nos acordemos de lo bien que fue o de la putada que surgió justo a mitad de año. Porque la memoria es muy de esa manera, de acordarse de lo que quiere, como mi madre.
El 2017 parece a primera vista haber sido un año un tanto tranquilo, aburrido, sin emociones remarcables. Pero la vista a veces está ciega. Como mi madre también (jajaja no, es broma… en este caso como yo).
- En el 2017 he crecido algunos muchos centímetros, que los que no me conocen solo ven cuando me pongo tacones.
- He aprendido, estoy aprendiendo, a construir casas empezando por los pilares y no por el tejado y parece que así se caen menos.
- He tenido y tengo la gran suerte de tener a alguien al lado ayudando a asentar todo lo aprendido y que me ha dejado ir practicando. A veces no me ha salido muy bien, pero no ha dudado ni un segundo. Ojalá a todo el mundo le acompañara en la vida una persona como él.
- He vuelto a vivir la experiencia Nueva York con personas importantes de mi vida y nos hemos traído la maleta llena de Levi’s, medias, abrigos y muchos buenos recuerdos, algún que otro bastante lamentable
;) Pero nunca lo haremos público Nuria! Cuando las lágrimas son de risa, a estas alturas de la vida, se recuerdan mucho más. - Me he enganchado a El Patrón del Mal y ahora no puedo vivir un día sin escuchar la palabra “berraco” (tras una larga búsqueda en google sigue sin quedarme claro que esté bien escrito, pero arriesgo) y “tremenda berraquera” (Word no para de ponérmelo con v, pero a mí me gusta cómo queda con b y punto).
- Me he mudado de casa y de barrio y me he llevado conmigo todo lo vivido allí con todas y cada una de las personas que me acompañaron en esos tres años.
- He vuelto a hacer viajes a esquiar y me he dado cuenta de que cuanto más vieja soy más cobarde.
- Me he apuntado a alemán por segunda vez y voy francamente mal
:( Me atrevería a decir que hasta peor que la primera… - Por fin he hecho el descenso del Sella!!!! Y no me ha quedado otra que aprender a remar xD
- Me he frustrado pensando que tengo que hacer algo sin saber bien qué, pero seguiremos buscando respuesta a esa pregunta, sino ¿qué nos queda para el 2018? Es decir, sigo como aquel 2016, más perdida que un pulpo en un garaje laboral.
- Por fin he recorrido la Toscana y ¡me lo he bebido todo!
- He tomado la firme decisión de eliminar de mi vida a todas aquellas personas que no suman o que simplemente han demostrado no querer estar y descubierto con ello que te aligera el camino.
- He aprendido que la gente no actúa en base a lo que tú seas sino a lo que ellos son y me ha liberado del egocentrismo del mea culpa. Como decimos en mi círculo de confianza: cada uno que se mire sus culos… O lo que viene siendo en versión de gente normal: Cada palo que aguante su vela. A algunos no les dan los palos para tantas velas…
- He comenzado la lección 1 del importante curso: Aprende a decir que no (no seas gilipollas). Y voy ahí, ahí…
- Y por último, he sido muy feliz y he compartido y comparto y espero seguir compartiendo muchos momentos, ideas, sentimientos y alegrías con gente con la que cada vez es más difícil fabricar nuevos recuerdos, porque ya está todo repe y no puedes ir al patio y simplemente cambiar esos cromos…
El año 2017 parece a primera vista muy tranquilo, pero será punto de inflexión de muchas cosas que seguro comenzarán en 2018, porque al menos la ilusión no nos falta y porque la vista a veces está ciega.
Vuelvo a recordar la defectuosa caja de los deseos de aquel ya lejano 2015 creo que era… Y me arriesgo a meter un deseo dentro, ¡a lo loco! Feliz 2018
:)
miércoles, 8 de febrero de 2017
domingo, 21 de agosto de 2016
Para ti
Me he perdido deliberadamente
en la tela de araña de la vida
y aún respiro.
He querido con tanta ansia
que he muerto varias veces
con los mismos besos
con los que he resucitado.
He echado de menos tan salvajemente
que me ha ahogado la impotencia
de no ver la luz del perdón en superficie.
Y al final siempre he aprendido
que para querer hay que besar,
con el alma y con el cuerpo.
Quizá un poco más con el alma
que con el cuerpo…
Que para perderse hay que andar
y que leer,
y ya sabíamos
que el que lee mucho y anda mucho,
ve mucho y sabe mucho.
Pero no sabíamos nadie
que el que lee mucho aprende
a demandar demasiado
y el que anda mucho
a veces se pierde
en la tela de araña de la vida.
También aprendí
que arriesgar en balde
pone en riesgo la cordura
pero arriesgar con causa
aporta vida.
Y la vida es lo único que queda
cuando ya no queda nada.
miércoles, 27 de enero de 2016
miércoles, 30 de diciembre de 2015
2015, adiós
Se acaba el año 2015 y aunque suene tópico típico o típico tópico esta vez sí que quiero hacer un repaso “en voz alta” sobre estos 365 días.
Me acuerdo como si fuera ayer de cómo empezaba el año, con la vida haciendo alarde de lo bien que es capaz a veces de tomarnos el pelo, en general a todos y en concreto a mí. Quizá por pedirle demasiado, quizá por pedirle lo incorrecto o quizá porque a veces la vida de la vida es tan sumamente aburrida que no puede dejar pasar la oportunidad de reírse un poco a nuestra costa.
El caso es que partiendo de una frustración puntual concreta y no pequeña empecé el año nuevo (que ahora ya es viejo) con la única intención y esperanza de que mejorara. Y lo hizo. A ratos. La vida sólo sabe hacer cosas a ratos, porque se aburre si todo va bien o mal demasiado tiempo. No podía, de manera alguna y de ninguna manera, acabar este año sin:
· Tropezar diez veces más con la misma piedra con la que he tropezado ya otras quince.
· Encontrar nuevas piedras.
· Encontrar algo más que frustración al final de un túnel laboral.
· Acabar un máster orgullosamente.
· Hacer los kilómetros justos del Camino de Santiago para que se considere camino y no paseo y que fuera lo mejor de mi año.
· Poner en práctica aquello que tan bien sonaba cuando nunca hizo falta usarlo y que decía algo así como “las personas que estén conmigo que estén porque quieran y los que no hay que dejarlos marchar”. Y darte cuenta de que es difícil y al amor propio no le gusta nada.
· Aceptar que estás más perdida que un pulpo en un garaje y no hacer un drama de ello.
· Aprender demasiadas cosas para listarlas. Pero, sobre todo, si tengo que elegir alguna, aprender con alegría que cinco años no son tantos y que hay pocas cosas que se queden en el tintero emocional.
· Descubrir nuevos sitios increíbles dentro de la geografía española.
· Aprender a hacer surf.
· Coger dos aviones cada semana durante un mes y darte cuenta de que tampoco es para tanto.
· Llorar muchas veces, pero reír muchas más.
· Empezar a ver Juego de Tronos muy a mi pesar al principio (y ahora también).
· Apuntarme e IR al gimnasio.
· Y sobre todo aprender que cada uno de nosotros actúa y piensa sólo como cada uno de nosotros y no se puede esperar de otra manera.
El caso es que partiendo de una frustración puntual concreta y no pequeña empecé el año nuevo (que ahora ya es viejo) con la única intención y esperanza de que mejorara. Y lo hizo. A ratos. La vida sólo sabe hacer cosas a ratos, porque se aburre si todo va bien o mal demasiado tiempo. No podía, de manera alguna y de ninguna manera, acabar este año sin que terminara mucho mejor de lo que empezó :).
Así que estoy dispuesta a lidiar con el hecho de que 2016 empezará como le dé la gana. No pienso ni por un momento caer en el error de la “caja de los deseos de 2016”, ah no no… Una y no más.
*Y al 2016 sólo le pido que empiece bien :)
**Y que a ratos vaya mal…
***Pero sobre todo que vaya bien… Más ratos bien…
viernes, 14 de agosto de 2015
Recuerda
lo que hace ya tiempo que sé
que no
va
a
volver.
La inocencia, como alguna otra cosa,
es algo que sólo perdemos una vez.
Ganamos, sin embargo, otras cosas,
como el placer
de
saber.
Aunque joda.
(Y joder si jode)
martes, 28 de julio de 2015
Borrador
Y todo lo que nunca quiso que supieran cupo en tan pocas palabras en su boca que el solo gesto de volver a abrirla truncó para siempre todos sus "para siempre".
Un hoy, hace dos años
Me cansé de esperar a los domingos para quererte,
y a los miércoles para que tú me quisieras.
Dejé de mirar hacia atrás sólo cuando el viento
empujaba fuerte hacia delante.
Y al final se me quedó toda la vida desencajada
en dirección opuesta a mí misma.
Pero después de todo he aprendido a aprender
que me da pena
toda la que ahora espera a los domingos para quererte,
pero mucha más aquella que espera a los miércoles
sólo
para que la quieras.
Como el que ansía agosto cuando llega septiembre...
y a los miércoles para que tú me quisieras.
Dejé de mirar hacia atrás sólo cuando el viento
empujaba fuerte hacia delante.
Y al final se me quedó toda la vida desencajada
en dirección opuesta a mí misma.
Pero después de todo he aprendido a aprender
que me da pena
toda la que ahora espera a los domingos para quererte,
pero mucha más aquella que espera a los miércoles
sólo
para que la quieras.
Como el que ansía agosto cuando llega septiembre...
lunes, 4 de mayo de 2015
Felicidades atrasadas
Ella es de esas mujeres que cuando dice que no es que no y punto. Pero y punto y final, no y punto y seguido.
Por supuesto nada de puntos suspensivos.
Ni de punto y aparte.
Punto y final.
Ella sabe llorar por dentro sin que se note por fuera, y sorber la pena raspando el esófago. No me lo dice nunca, pero a veces sé que escuece.
También es experta en verme llorar y preguntarme, sin que le sirva mi respuesta. Porque de ella aprendí que nunca se llora por nada. Que si te buscas por dentro, siempre encuentras.
Que aunque ella no se parece en nada a mí, y yo soy una blanda, pese a eso, me enseñó a pensar en todo lo que pasa.
Ella es un cúmulo de fuerza que a veces me pregunto cómo ha sobrevivido a tanta tempestad y a tanta calma. Sin apenas arrugas en los ojos.
No es de las que necesitan una llamada cada día o un beso cada noche. Ni de las que no duermen esperando a que vengas.
Ella es de las que te deja que te equivoques, que te tropieces y que te enfades hasta reventar, para poder luego abrazarte sin siquiera un "te lo dije".
Creo que sabe, nunca me lo ha dicho, que la vida consiste en vivir, y que para vivir hay que caerse muchas veces. Hay que caerse, SOLO, muchas veces.
Y yo creo que sabe, nunca se lo he dicho, que aunque las cosas no siempre me salgan como lo dibujé en mi mente, agradezco la libertad plena a equivocarme que me ha dado.
Ella es el pragmatismo en persona, que achaca a la antítesis del síndrome de diógenes.
Lo tira todo. Todo lo que no vale.
Y yo lo guardo todo. Guardo todo lo que no vale.
Supongo, de nuevo, que tiene un almacén entero de recuerdos entre conexiones neuronales, y que es capaz de asumir el fin de cosas que no se guardan en tickets de metro.
A mi con ella me pasa lo mismo. Me sería imposible guardarla en ningún papel - recuerdo.
Creo que no hay persona a la que más admire, aunque sepa muchas veces que se equivoca.
No hay persona que más me importe. No hay juicio que más me duela.
Y aunque con palabras se lo digo pocas veces (no recuerdo ninguna) y en cierto punto hasta nos incomoda,
Te quiero
Mamá
Por supuesto nada de puntos suspensivos.
Ni de punto y aparte.
Punto y final.
Ella sabe llorar por dentro sin que se note por fuera, y sorber la pena raspando el esófago. No me lo dice nunca, pero a veces sé que escuece.
También es experta en verme llorar y preguntarme, sin que le sirva mi respuesta. Porque de ella aprendí que nunca se llora por nada. Que si te buscas por dentro, siempre encuentras.
Que aunque ella no se parece en nada a mí, y yo soy una blanda, pese a eso, me enseñó a pensar en todo lo que pasa.
Ella es un cúmulo de fuerza que a veces me pregunto cómo ha sobrevivido a tanta tempestad y a tanta calma. Sin apenas arrugas en los ojos.
No es de las que necesitan una llamada cada día o un beso cada noche. Ni de las que no duermen esperando a que vengas.
Ella es de las que te deja que te equivoques, que te tropieces y que te enfades hasta reventar, para poder luego abrazarte sin siquiera un "te lo dije".
Creo que sabe, nunca me lo ha dicho, que la vida consiste en vivir, y que para vivir hay que caerse muchas veces. Hay que caerse, SOLO, muchas veces.
Y yo creo que sabe, nunca se lo he dicho, que aunque las cosas no siempre me salgan como lo dibujé en mi mente, agradezco la libertad plena a equivocarme que me ha dado.
Ella es el pragmatismo en persona, que achaca a la antítesis del síndrome de diógenes.
Lo tira todo. Todo lo que no vale.
Y yo lo guardo todo. Guardo todo lo que no vale.
Supongo, de nuevo, que tiene un almacén entero de recuerdos entre conexiones neuronales, y que es capaz de asumir el fin de cosas que no se guardan en tickets de metro.
A mi con ella me pasa lo mismo. Me sería imposible guardarla en ningún papel - recuerdo.
Creo que no hay persona a la que más admire, aunque sepa muchas veces que se equivoca.
No hay persona que más me importe. No hay juicio que más me duela.
Y aunque con palabras se lo digo pocas veces (no recuerdo ninguna) y en cierto punto hasta nos incomoda,
Te quiero
Mamá
jueves, 12 de marzo de 2015
One, two, three... Go!
Salió a correr cuando estuvo lista.
Y se dio cuenta de que estaba lista cuando salió a correr.
Gracias al tiempo por lo que nos da a cambio de quitarnos vida.
Y se dio cuenta de que estaba lista cuando salió a correr.
Gracias al tiempo por lo que nos da a cambio de quitarnos vida.
miércoles, 28 de enero de 2015
Un café y tres de azúcar
La cucharilla se movía elegante entre ese líquido al que se atrevía a llamar café con leche. Cada vez que pasaba rozando el cristal del vaso se alejaba rápidamente temiendo el calor que desprendía. Siempre en el mismo sentido, siempre al mismo ritmo.
Manuel saca la cuchara, se la mete despacio en la boca para evitar que gotee y la hunde en seguida en el bote de azúcar, ese que ella siempre sabía distinguir del de la sal porque "está claro, tiene tapa de bote de mermelada". Él debía ser idiota, porque no entendía el símil.
En fin, Manuel echa una cucharada de azúcar en el café y repite un par de veces el mismo gesto, hasta conseguir la cantidad de azúcar deseable para una buena úlcera.
"Tres de azúcar por favor" es lo primero que la escuchó decir, y lo último que recuerda de ella. Es insoportable la hora del café, insoportable el "clin, clin" quejicoso del vaso a rozarlo con el metal, insoportable el sabor, el olor, su sabor, su olor, sus besos, sus manos, su pelo en la almohada, su cepillo de dientes en el baño y sus bragas en el tercer cajón del armario.
Era un delirio su recuerdo imborrable escrito dentro de esas tres cucharas de azúcar que desde entonces no perdonaba nunca. Era su momento con ella, sus quince minutos al día de "buenos días", "¿cómo has dormido hoy?", "¿tres de azúcar?", "¿me perdonas?", "¿me devuelves mi vida, mis recuerdos, mi karma, mi serenidad, mis lunes, mis martes, mis miércoles, mis jueves, mis viernes, mis sábados y mis domingos?", "¿y si te pido sólo los domingos?".
- ¡Señor Gonzalez! - Levanta con sobresalto la cabeza del café por primera vez en veinte minutos.
- ¿Eh?
- Le pregunto, señor González, que porqué la mató.
- Ella me mató primero...
Manuel saca la cuchara, se la mete despacio en la boca para evitar que gotee y la hunde en seguida en el bote de azúcar, ese que ella siempre sabía distinguir del de la sal porque "está claro, tiene tapa de bote de mermelada". Él debía ser idiota, porque no entendía el símil.
En fin, Manuel echa una cucharada de azúcar en el café y repite un par de veces el mismo gesto, hasta conseguir la cantidad de azúcar deseable para una buena úlcera.
"Tres de azúcar por favor" es lo primero que la escuchó decir, y lo último que recuerda de ella. Es insoportable la hora del café, insoportable el "clin, clin" quejicoso del vaso a rozarlo con el metal, insoportable el sabor, el olor, su sabor, su olor, sus besos, sus manos, su pelo en la almohada, su cepillo de dientes en el baño y sus bragas en el tercer cajón del armario.
Era un delirio su recuerdo imborrable escrito dentro de esas tres cucharas de azúcar que desde entonces no perdonaba nunca. Era su momento con ella, sus quince minutos al día de "buenos días", "¿cómo has dormido hoy?", "¿tres de azúcar?", "¿me perdonas?", "¿me devuelves mi vida, mis recuerdos, mi karma, mi serenidad, mis lunes, mis martes, mis miércoles, mis jueves, mis viernes, mis sábados y mis domingos?", "¿y si te pido sólo los domingos?".
- ¡Señor Gonzalez! - Levanta con sobresalto la cabeza del café por primera vez en veinte minutos.
- ¿Eh?
- Le pregunto, señor González, que porqué la mató.
- Ella me mató primero...
domingo, 25 de enero de 2015
Ninguna parte
Siempre supieron que iban a ninguna parte.
Y aquel ninguna parte será el lugar donde se reencuentren cuando, solos y heridos por haber buscado el "alguna parte" con los ojos huecos, huyan a esconderse.
Deseando, sin saberlo, acabar con ella en ninguna parte.
Y aquel ninguna parte será el lugar donde se reencuentren cuando, solos y heridos por haber buscado el "alguna parte" con los ojos huecos, huyan a esconderse.
Deseando, sin saberlo, acabar con ella en ninguna parte.
domingo, 18 de enero de 2015
Una historia bonita, parte 2
Él tenía un trabajo, uno de esos en los que los padres están orgullosos de sus hijos aunque sus hijos no estén orgullosos de ellos mismos. Al final eso pocas veces importa, porque lo que cuenta es la admiración externa, nunca suma la propia.
En fin, que él tenía un trabajo, también tenía una casa donde vivir y comida que comer. Todo era seguro, tan seguro como que vivía en Madrid, se levantaba a las siete y media, cogía el autobús de las ocho y cuarto y a veces (pocas) me lo cruzaba de vuelta a casa en el metro.
Yo pensaba en él como el chico de las mil barreras, de los "no me enamoro" o "no te enamores" más constantes de los que había escuchado nunca. Y aunque quedaron atrás pronto, para mí él siempre fue eso.
Un día, el primero, le vi en el andén de la línea 10 en el infierno de cambio de Tres Olivos. Entiendo su sorpresa al verme, vestida para uno de esos trabajos en los que los padres están orgullosos de sus hijos, y sus comentarios sobre el cambio de la vida y las personas. Él estaba igual. Los años no pasaron para él, con la única diferencia de que no parecía feliz.
Tras una pequeña introducción de cortesía que iba desde el qué tal te va hasta el recuerdo de un par de momentos del pasado que ambos creíamos olvidados, me dijo:
- He conocido a alguien - Vaya... Sí que tenía ganas de soltarlo.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?
- ¡Bien! Muy bien...
- Peero....
- ¿Cómo sabes que hay un pero?
Sonrío, - Esa cara siempre va seguida de un pero -
- Sí. Se va
- ¿A dónde?
- A su país
- ¿Por qué?
- Aquí no consigue trabajo y creo que le apetece volver con su familia
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Que si tú te vas... Con ella
- No, claro que no...
Y lo siguiente que sé es que él deja su trabajo de contrato fijo, sus padres ya no están orgullosos de él, él hace la maleta, compra un billete de avión, respira hondo y... Se marcha. A un país en el que no tiene trabajo, en el que no habla la lengua oficial, en el que no tiene familia, ni amigos.
Y entonces despierta en mí la admiración más profunda del que arriesga una vida entera por algo que quiere. Y sé que, conociéndole, ha sido lo más valiente que de momento conozco.
Es por eso por lo que muchos días pienso en él, y espero con mucha fuerza que le salga bien y que le de fuerzas para seguir siendo valiente, para poder seguir viviendo de verdad.
(Un beso. Muchos besos. Te mereces que todo te vaya bien, porque la vida es para los que arriesgan)
En fin, que él tenía un trabajo, también tenía una casa donde vivir y comida que comer. Todo era seguro, tan seguro como que vivía en Madrid, se levantaba a las siete y media, cogía el autobús de las ocho y cuarto y a veces (pocas) me lo cruzaba de vuelta a casa en el metro.
Yo pensaba en él como el chico de las mil barreras, de los "no me enamoro" o "no te enamores" más constantes de los que había escuchado nunca. Y aunque quedaron atrás pronto, para mí él siempre fue eso.
Un día, el primero, le vi en el andén de la línea 10 en el infierno de cambio de Tres Olivos. Entiendo su sorpresa al verme, vestida para uno de esos trabajos en los que los padres están orgullosos de sus hijos, y sus comentarios sobre el cambio de la vida y las personas. Él estaba igual. Los años no pasaron para él, con la única diferencia de que no parecía feliz.
Tras una pequeña introducción de cortesía que iba desde el qué tal te va hasta el recuerdo de un par de momentos del pasado que ambos creíamos olvidados, me dijo:
- He conocido a alguien - Vaya... Sí que tenía ganas de soltarlo.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?
- ¡Bien! Muy bien...
- Peero....
- ¿Cómo sabes que hay un pero?
Sonrío, - Esa cara siempre va seguida de un pero -
- Sí. Se va
- ¿A dónde?
- A su país
- ¿Por qué?
- Aquí no consigue trabajo y creo que le apetece volver con su familia
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Que si tú te vas... Con ella
- No, claro que no...
Y lo siguiente que sé es que él deja su trabajo de contrato fijo, sus padres ya no están orgullosos de él, él hace la maleta, compra un billete de avión, respira hondo y... Se marcha. A un país en el que no tiene trabajo, en el que no habla la lengua oficial, en el que no tiene familia, ni amigos.
Y entonces despierta en mí la admiración más profunda del que arriesga una vida entera por algo que quiere. Y sé que, conociéndole, ha sido lo más valiente que de momento conozco.
Es por eso por lo que muchos días pienso en él, y espero con mucha fuerza que le salga bien y que le de fuerzas para seguir siendo valiente, para poder seguir viviendo de verdad.
(Un beso. Muchos besos. Te mereces que todo te vaya bien, porque la vida es para los que arriesgan)
domingo, 11 de enero de 2015
Revivir es así
Remito mis nuevos ataques a viejos recuerdos. Me doy cuenta de que cuanto más cargo contra ti en realidad más estoy cargando contra mí mismo y el peso de toda la mierda que llevo en esta mochila que suma y suma cada año.
Si hubiera sabido lo que sé ahora, y por el contrario ahora supiera lo que sabía entonces, tan sólo lo que sabía entonces... Si así fuera entonces quizás hoy no me bloquearía el miedo a que te fueras y preferiría la insensatez de andar sobre un tejado en ruinas por llegar hasta algún lado contigo. Si los recuerdos no existieran, la vida no dejara huellas y al cerrar los párpados sólo encontráramos vacío, entonces quizás podría decirte con palabras lo que sé que me intuyes cuando me miras directamente a los ojos.
Si sólo hubiera "ahora" sin la existencia del "antes" probablemente no retrocedería tanto por cada paso que avanzo, te diría las verdades sin tapujos, como haría mi yo del "ahora" cuando era "antes", te compraría un libro y te lo regalaría con una de esas dedicatorias que no se olvidan, dejaría de lado la jodida visión pragmática de las cosas que no deberían meditarse y te prometería la luna aunque supiera que no puedo alcanzarla.
El problema es que no existe un "ahora" separado de un "antes", que la vida deja heridas imborrables y que cuando cerramos los ojos aparecen fantasmas que me susurran el riesgo de ir a buscarte, de regalarte un libro o de colmarte de las verdades sin tapujos que en el fondo mereces.
No cabe nada en cajas cerradas.Y yo, sinceramente, quiero abrirte todas mis ventanas.
Si hubiera sabido lo que sé ahora, y por el contrario ahora supiera lo que sabía entonces, tan sólo lo que sabía entonces... Si así fuera entonces quizás hoy no me bloquearía el miedo a que te fueras y preferiría la insensatez de andar sobre un tejado en ruinas por llegar hasta algún lado contigo. Si los recuerdos no existieran, la vida no dejara huellas y al cerrar los párpados sólo encontráramos vacío, entonces quizás podría decirte con palabras lo que sé que me intuyes cuando me miras directamente a los ojos.
Si sólo hubiera "ahora" sin la existencia del "antes" probablemente no retrocedería tanto por cada paso que avanzo, te diría las verdades sin tapujos, como haría mi yo del "ahora" cuando era "antes", te compraría un libro y te lo regalaría con una de esas dedicatorias que no se olvidan, dejaría de lado la jodida visión pragmática de las cosas que no deberían meditarse y te prometería la luna aunque supiera que no puedo alcanzarla.
El problema es que no existe un "ahora" separado de un "antes", que la vida deja heridas imborrables y que cuando cerramos los ojos aparecen fantasmas que me susurran el riesgo de ir a buscarte, de regalarte un libro o de colmarte de las verdades sin tapujos que en el fondo mereces.
No cabe nada en cajas cerradas.Y yo, sinceramente, quiero abrirte todas mis ventanas.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Una historia bonita
Algún día contaré su historia. Relataré a quien lo ansíe el cómo, de qué manera, las historias bonitas sólo suceden a quien no las cree pero las afronta.
A quien pese a las buenas excusas para respaldarse, avanza.
A quien se arriesga a que nada salga en pro de un Todo improbable.
A quien, amigos, no le es cómodo ser cobarde.
Es por eso que a ti, créeme cariño, a ti nunca va a pasarte.
A quien pese a las buenas excusas para respaldarse, avanza.
A quien se arriesga a que nada salga en pro de un Todo improbable.
A quien, amigos, no le es cómodo ser cobarde.
Es por eso que a ti, créeme cariño, a ti nunca va a pasarte.
martes, 29 de julio de 2014
Nuevo habitante
Albergué por unos minutos la esperanza de que aquel bicho monstruoso saliera por sus propias y diminutas patas del resquicio de la puerta. El muy puñetero parecía haber encontrado un acogedor hogar en el revés de uno de los calcetines que me había quitado la noche anterior.
Tengo la horrible costumbre de no matar ningún bicho, por feo que me parezca, por estúpido que sea o por cien patas que tenga. No señor, no lo mato y punto.
Y entonces es momento de llamar al gato...
El señor Bicho Bola parece no inmutarse ante la caida, que no era desde un octavo pero tampoco como para permanecer impasivo. Así que me acerco despacio, como el que se aproxima a examinar a una serpiente, supongo que con miedo a que saltara y me comiera viva, o se pusiera de pie y andara... No se sabe.
¿Sr. Bicho-Bola? Le doy unos toques cariñosos con el dedo. Pero nada.
Señor Bicho-Bola-Nuevo-Habitante-de-Mi-Calcetín estaba muerto. Siempre lo estuvo. Los quince minutos enteros, con todos sus segundos.
Tengo la horrible costumbre de no matar ningún bicho, por feo que me parezca, por estúpido que sea o por cien patas que tenga. No señor, no lo mato y punto.
Y entonces es momento de llamar al gato...
"¡Dino!"Dino debe estar lamiéndose de la comisura de los labios el caviar para felinos que se me ocurrió comprarle ayer, aunque él más que un felino empiece a parecer una vaca.
"¡¡¡¡Dinoooooooo!!!!"Me permito el lujo de apartar por un segundo la vista del peludo bicho-bola-nuevo-habitante-de-mi-calcetín para dirigirla hacia lo largo del pasillo, mientras rezo todo lo que no me sé para que no desaparezca y pienso en lo útil que sería, no solo para ésta sino para otras múltiples ocasiones, un ojo en el cogote.
"Pssss, pssssss.¡¡ Dino a comer¡¡ " - Esta siempre cuelaDino aparece como alma que lleva el diablo, corre todo el pasillo y hace un espectacular derrape al llegar a la habitación. Queda poco elegante cuando la tripa le roza el suelo, pero por lo demás espectacular.
"Dino, cómete eso, mira..." - Entreabro un poco la puerta para que pueda mirar mi calcetín a rayas grises y rojas y con el dedo le señalo al señor bicho-bola.El gato atónito me mira a mí con lo que parece ser una expresión a caballo entre el "¿me tomas el pelo?" y el "si crees que está rico puedes comértelo tú", agarra el calcetín con los dientes, deja caer al señor bicho-bola y con su música a otra parte.
El señor Bicho Bola parece no inmutarse ante la caida, que no era desde un octavo pero tampoco como para permanecer impasivo. Así que me acerco despacio, como el que se aproxima a examinar a una serpiente, supongo que con miedo a que saltara y me comiera viva, o se pusiera de pie y andara... No se sabe.
¿Sr. Bicho-Bola? Le doy unos toques cariñosos con el dedo. Pero nada.
Señor Bicho-Bola-Nuevo-Habitante-de-Mi-Calcetín estaba muerto. Siempre lo estuvo. Los quince minutos enteros, con todos sus segundos.
martes, 1 de julio de 2014
Bandera blanca
Me explico mal cuando hablo contigo, tan mal que vuelvo a casa sin saber qué es lo que yo misma dije o quise decir en cada oración incógnita que te planteo.
Lo único que yo quise decirte es lo importante que fue estar contigo. Fue importante por millones de cosas, pero sobre todo importa haber aprendido a rendirse.
No es fácil cuando se trata de alguien como yo, con más empeño en lo imposible que en lo creíble. Con esas ganas de comerse el mundo que tienes con veinte años. Con ese ímpetu acorazado de la inexistencia de causas perdidas.
No te llamo causa perdida, simplemente no es mi causa. Y contigo, sobre todas las cosas, he aprendido el valor de una rendición a tiempo.
Gracias!
Lo único que yo quise decirte es lo importante que fue estar contigo. Fue importante por millones de cosas, pero sobre todo importa haber aprendido a rendirse.
No es fácil cuando se trata de alguien como yo, con más empeño en lo imposible que en lo creíble. Con esas ganas de comerse el mundo que tienes con veinte años. Con ese ímpetu acorazado de la inexistencia de causas perdidas.
No te llamo causa perdida, simplemente no es mi causa. Y contigo, sobre todas las cosas, he aprendido el valor de una rendición a tiempo.
Gracias!
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